Gracias por ser mi casa nueve años

Gracias por ser mi casa nueve años

Era el día 4 de septiembre de 2017 cuando me senté por primera vez del lado de la mesa donde se sienta un secretario general de la CONFER. Antes, tiempo atrás, había estado hablando con la anterior secretaria (Julia García Monje) para dialogar sobre el trabajo a realizar, las características del mismo y una serie de aspectos que era necesario tener en cuenta. Me vino muy bien porque volví con alguna frecuencia a ellos para recordarlo y que no se me escapara nada.

¿Qué supuso sentarse en esa silla?

Caer en la cuenta de que estaba en un ambiente que no había conocido de manera cercana hasta ese momento. Supuso hacerse a la idea de que empezaba una trayectoria nueva en la que tenía que aprender cómo involucrarme: qué era importante, qué era accesorio, con quiénes había que congeniar mejor, a quiénes había que atender de manera más cercana. Todo fue un aprendizaje que llevó su tiempo. Supuso conocer de manera más cercana a gente estupenda en la sede que trabajaba con ganas por la vida religiosa como algo suyo. No era pura fachada, sino que aportaban con su manera de ser, sus idas y venidas, su saber hacer en favor de la vida religiosa. Fue otro aprendizaje especial.

Aprender a dominar un amplio espectro de actividades, de presencias, de personas fuera de la sede con las que tratar que no conocía. Me encontré con gente excelente en Cáritas, en Migrantes con Derechos, en COPE, en Misiones, en contacto con otras confesiones religiosas, con personas de los bancos y de los proyectos en favor de los desfavorecidos, etc. Un abanico estupendo que recuerdo y sigo teniendo con agrado.

Supuso comprender que las cosas no siempre salen como tú habías previsto. Que todo tiene su tiempo y su comprensión y que requiere paciencia; que no todos vamos al mismo ritmo y que, a veces, las cosas tienen su ritmo y su camino no a tu estilo y pueden desanimar un poco. Aprender a ser paciente y constante.

Supuso una riqueza grande en formas nuevas de trabajo: con la secretaria general Adjunta (Pilar Arroyo, en su momento), con la sede, con el Equipo Directivo, con el equipo de Presidencia que se fue consolidando al paso del tiempo, con los responsables de áreas y sus equipos, con el Consejo General (exponente fiel de un compromiso por servir a la vida consagrada). Y cómo no, con las CONFER Regionales y Diocesanas, riqueza innegable de la CONFER a pesar de las dificultades de animación, pero con unas ganas tremendas de ofrecerse como animadoras de un ámbito local extraordinario en formas y creatividad. Tocó aprender a cohesionar grupos, personas y actividades.

Al cabo del tiempo, ¿qué me ha quedado?

Hemos intentado poner a la CONFER en un marco amplio de reconocimiento, de hacer bien las cosas, con profesionalidad y buen gusto, con mucha dedicación (honesto es reconocerlo así) fuera de las horas habituales de trabajo, con presencias en los más variados espacios, que no eran imaginables hace unos años. Me siento contento de haber tenido cerca de manera particular personas que han hecho el trabajo mucho más fácil (Equipo de Presidencia -Mariña Ríos, Jesús Díaz Sariego, Pilar Arroyo-, en su momento. Y ahora (Jesús Díaz Sariego, Lourdes Perramon, Cinta Bayo, Silvia Rozas). No se pueden olvidar las horas que hemos metido en reuniones y videoconferencias para buscar lo mejor para toda la vida religiosa. Tampoco podemos dejar de lado tantos momentos compartidos, no tanto desde el trabajo, sino desde una fraternidad hecha vida en servicio.

Y qué decir del Equipo Directivo, con su forma de trabajo particular en su momento (Pilar Arroyo, Emilio Montes, Jesús Juárez, Margarita Bordallo, Marta Vélez) con tantos vaivenes surgidos al interior de la sede que hacía que exploráramos creatividad conjunta. Y luego, con Silvia Rozas, María Rubio, Margarita Bordallo que ha hecho darle un giro bueno a un trabajo dentro de la sede, creo que con hondura, honradez y profesionalidad.

Con las personas de la sede: muchos cambios han habido desde 2017 en forma y manera de afrontar el trabajo. Recuerdo esa aventura que comenzamos (allá por noviembre de 2020), con SOUL 21, involucrando a tantas personas y entidades con el ánimo de buscar una mejor respuesta de la CONFER a los que se hacía necesario afrontar: con diagnósticos, encuestas, visitas a Regionales y Diocesanas, muchos vaivenes en la propia sede, idas y venidas… Queda el esfuerzo por el trabajo realizado y ojalá sigamos en esa misma línea de creatividad y trabajo esforzado.

Con todas las personas de coincidencia en el trabajo más cercanas de la sede. Qué deciros: que me he sentido apoyado, apreciado, estimado y que quizá no he sabido devolver todo lo recibido en forma de atención y cuidado por las personas. Algo se habrá escapado y no se ha hecho bien, soy responsable y os pido disculpas. Y que tengáis en cuenta también que quise echar el resto en servicio a una causa en la que creo y que, sin duda, con todos los cambios de personas que ha habido, siempre me he encontrado muy a gusto.

No me puedo olvidar de Pilar Arroyo y de Silvia Rozas. Con Pilar, que me introdujo en el campo de la CONFER y me ayudó a no desanimarme cuando algo no salía, comprometiendo su tiempo y su persona. Y con Silvia, ahora, trabajando codo a codo con ella, pensando, decidiendo, enfadándonos mutuamente, echándonos algo en cara mutuamente con cariño cuando algo no iba y era nuestra responsabilidad. No, no ha sido en vano la relación mostrada. Y se aprende a ser fraterno con ella porque hay mucho compartido.

Y ahora, ¿qué?

He tenido tiempo atrás, antes de este servicio en la CONFER, algunas responsabilidades en mi congregación. Creyeron que podía hacer un buen servicio y pensaron en mi persona. Y han hecho lo posible para que le dedicara el tiempo que fuera necesario. Gracias por esa libertad que me han dado. Creo que así hemos crecido también en intercongregacionalidad y en servicio a la CONFER en muchos lugares de nuestra geografía. La CONFER ha sido mi casa durante nueve años. Casi he estado más tiempo en la sede o en servicios a la CONFER que en mi instituto. No me duele, sino que me siento contento de haberlo podido hacer.

La CONFER, y lo que supone como entidad, merece la pena y mucho. Hay que cuidarla, quererla, ofrecerse como servicio a labores diversas, en la sede o en otros ámbitos (como las Regionales y Diocesanas). Porque también es signo de Iglesia y de fraternidad compartida que se puede/debe ofrecer a la Iglesia y a la sociedad.

A la CONFER se la reconoce y se la aprecia. Es verdad que no podemos estar en todas las salsas, pero la gente confía en lo que hace la CONFER. Hay un sentimiento que se cuela oyendo a las personas: lo que hace la CONFER está bien orientado. Y eso es fruto de un trabajo interno y de una confianza mutua que nos hemos ido dando todos, los que trabajan desde dentro y los que estáis aquí ahora con vuestros hermanos y hermanas.

Esto se acaba para mi desde este servicio

Me voy con nostalgia, han sido nueve años de vida. Cuando salía de casa y recorría los varios caminos hasta llegar aquí, sentía casi como un paréntesis lo que era dormir en mi comunidad. Y ha sido bonito participar de la aventura.

Ahora, al final, os pido para Fernando García, como nuevo secretario general todo el apoyo y cariño. Tiene un camino estupendo de ilusión y ganas, aprendido en su instituto y ahora al ponerlo al servicio de todos, ganará mucho más. Y la CONFER se reforzará, sin duda más que antes.

Agradecimiento

Gracias a Dios por la Vida Consagrada. Él nos ha llamado a ofrecer lo mejor de una vida en su servicio a la Iglesia y al mundo. Pentecostés es la fiesta de la diversidad, de la creatividad, del impulso misionero y evangelizador, de todo eso que nos urgimos a hacer (lo inter, la misión compartida, las migraciones, la atención a los mayores, los nuevos caminos de organización, etc.). Tenemos con nosotros al Espíritu que no nos abandonará y hay que darle cancha para que haga maravillas con nosotros y con mucha más gente. Ojalá entre todos, le facilitemos el trabajo.

Muchas personas, muchos nombres que quedan en el recuerdo de un tiempo estupendo. Ahora a “otra cosa, mariposa” y esperar que el provincial diga dónde y a qué dedicar mi persona y mi tiempo.

Y solo queda una palabra para todos vosotros, los que estáis aquí y aquellos con los que de alguna manera he compartido un trocito de mi actividad y mi vida:

¡Gracias!

Texto: Jesús Miguel Zamora, FSC

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