El martes 26 de mayo ha tenido lugar la ceremonia de inauguración de la 32ª Asamblea General de los Superiores Mayores que conforman la CONFER.
El presidente Jesús Díaz Sariego, OP y la vicepresidenta Cinta Bayo, ACD, han pronunciado un discurso de apertura en el que han querido destacar cómo la vida consagrada está llamada a poner en práctica la sinodalidad.
“Todos, todos, todos”. Kariós sinodal
El lema ha querido hacerse eco de las palabras que en su día pronunciara el papa Francisco. Sabemos que el Kairós, afirmaba Sariego, es el momento oportuno, adecuado, perfecto. A diferencia del tiempo cronológico, que se mide en horas y segundos, el Kairós representa más bien lo cualitativo, la cualidad del tiempo. “Estamos viviendo un tiempo eclesial lleno de oportunidades”.
Decir “todos” nos invita a mirar nuestras propias fronteras y a preguntarnos a quién nos sigue costando incluir. Jesús Díaz y Cinta Bayo, lanzaron a los casi 300 superiores mayores una serie de preguntas que se abordarán durante los tres días de Asamblea: ¿a quién hemos ido dejando fuera sin darnos cuenta en este camino?, ¿qué voces no están en nuestras mesas…y qué podrían aportar si las escucháramos?. “ Este Kairós sinodal nos está pidiendo pasar de un “todos” dicho a un “todos” vivido.
La sinodalidad como examen de conciencia para los consagrados
Durante el discurso, el presidente de la CONFER abordó el significado de la palabra sinodalidad para la vida consagrada. “La sinodalidad es un examen de conciencia para nosotros como consagrados. No solo sobre lo que hacemos, sino sobre cómo escuchamos, a quién damos espacio, y a qué voces – también dentro de nosotros mismos – nos cuesta acoger.
Cinta Bayo, por su parte, expresó cómo la Iglesia, en su momento presente (histórico, cronológico), está viviendo un Kairós sinodal. “Por nuestra forma de vida, por la diversidad de nuestras comunidades, por la experiencia que tenemos de vivir y decidir juntos, estamos llamados a hacer de la sinodalidad algo real, concreto y cotidiano. Algo que se traduzca en relaciones más abiertas, en espacios donde también lo diferente, lo incómodo o lo no previsto tengan cabida”.
“Dejadlos crecer juntos” (Mt 13,30)
Para ayudar a los asistentes a profundizar en este momento, en nuestro Kairós sinodal, el equipo de presidencia de la CONFER ha querido buscar en la Palabra de Dios, en las palabras del evangelista Mateo, cuando pone en boca de Jesús la parábola que nos invita a dejar crecer juntos hasta la siega: «Dejadlos crecer juntos» (Mt 13,30).
“En nuestro crecimiento personal y también como congregaciones, nos sabemos llamados por el Espíritu a la conversión. A esas conversiones sinodales que señala el documento final del sínodo: la conversión espiritual, la conversión de las relaciones y de los vínculos, la conversión de los procesos o procedimientos. Pero también la conversión institucional y misionera. Pero ninguna de ellas será real si no pasa por un proceso personal”.
📍 Ya estamos preparados para comenzar la #32AsambleaCONFER ♟️ “Todos, todos, todos” Kairós sinodal pic.twitter.com/Cz0rXL3bFG
— CONFER (@MediosConfer) May 26, 2026
En esta Asamblea no va a faltar la pregunta: ¿cómo favorecer la conversión de nuestras comunidades e instituciones? Y aún más: ¿cómo aprender a ser sinodales también con uno mismo? ¿Qué aspectos de nuestra persona y de nuestra vocación aún no han sido tocados por el Espíritu que nos llama a caminar de otro modo? Quizá también, añadía Jesús Díaz Sariego, podríamos preguntarnos: qué voces, en nuestras comunidades, en nuestros consejos o en nosotros mismos, hemos ido dejando en la sombra… y qué nos estaría diciendo el Espíritu a través de ellas.
Para finalizar su intervención, la presidencia de la CONFER ha querido nombrar la Encíclica Magnífica Humanitas que el papa León firmó el pasado 15 de mayo. En ella el pontífice nos pide a toda la Iglesia, y a la Vida Religiosa como parte de ella, que detengamos la construcción de la enésima Babel y que unamos fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios deba habitar (cf. MH, n. 16).
“Esta es la bendición que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse (cf. MHn. 17)”.


