El Tren de la Paz recorre su tercera estación: “Una gran familia. El amor que funda la paz”

Foto tercera estación Tren de la Paz

Madrid, 20 de marzo de 2024 (IVICON): La tercera estación del Tren de la Paz se detiene en medio de nuestros barrios y pueblos, en las parroquias y las comunidades, en las puertas de las casas y lugares donde discurre la vida cotidiana. Nos invita a subir al tren de la Familia de Jesús, donde nadie se queda fuera ni es extraño, porque la cercanía, el respeto, el cuidado y el crecimiento de cada uno/a es esencial. Nuestro tren no viaja por las vías del poder abusivo, la economía voraz, las relaciones maltratadoras y las dinámicas de rivalidad y exclusión. Nos propone un viaje diferente, por las vías del Reino de Dios, en comunidades de hermanos y hermanas, hijos amados de Dios.

Esta vez nos centramos en las páginas del libro de Xabier Pikaza, (pp.184-195), “El camino de la Paz. Una visión cristiana”, en las que nos habla sobre Comunidad, sentimiento de familia, hermandad, solidaridad, cuidado mutuo, común unión, cercanía, universalidad, comunidades reconciliadas, don, tarea, relaciones inclusivas, igualdad y dignidad.

Para la reflexión

Jesús inició un camino de paz, desde los más pobres […] comenzó su marcha desde abajo, con aquellos que vivían en los márgenes de la sociedad establecida, un movimiento de seguidores y amigos, formado básicamente por personas que habían sido expulsadas del nuevo (des-)orden social que se estaba imponiendo en Galilea, a causa de la transformación económica y social de ese momento (p.186). No tuvo familia propia (con mujer e hijos), pues su comunidad fue todos los que buscaban con él la voluntad de Dios, esperando y preparando la llegada del Reino (cf. Mc 3, 31-35) .

Solo es posible la paz allí donde se van creando relaciones estables de familia que sean, al mismo tiempo, cercanas (de amor en intimidad) y universales (de amor que se abre a las restantes familias y grupos del entorno y del conjunto de la tierra).

En contra de eso (relaciones de jerarquía y egoísmo mutuo y no de gratuidad), retomando la inspiración más honda de la historia israelita, Jesús instituyó relaciones igualitarias, donde todos se ayudaban entre sí, en un mismo nivel, sin estructuras de dominio de unos sobre otros.

Él no quiso lograr unas paces pasajeras, sino hacer la paz, creando comunidades reconciliadas en medio de una tierra dominada en su conjunto por la violencia. Su proyecto implicaba una ruptura, no para destruir a algunos, sino para construir entre todos una comunión de paz (p.194). Los césares de Roma quisieron construir una paz universal por medio de la fuerza, con la estrategia de las armas y la política. Jesús, en cambio, buscó la paz a través de la transformación de las condiciones de vida y de las relaciones sociales a partir de los marginados de Israel.

Reflexión de equipo

La cuestión sobre la familia social que aborda el texto es muy interesante. La fraternidad humana es el objetivo por alcanzar frente a los valores imperantes del individualismo, los intereses particulares, el beneficio económico, el poder y el bienestar egoístas a costa de la explotación y la imposición sobre quienes menos tienen. Detectar las dinámicas de maltrato, abuso, desigualdad y exclusión en las familias, grupos, comunidades, sociedades y culturas es esencial para construir relaciones inclusivas y garantes de la dignidad.

Jesús inició un programa de paz, ofreciendo en su camino un lugar para todos, especialmente a los carentes de familia, para crear relaciones de familias cercanas y universales. Desde el margen de la sociedad inició, por amor, la construcción de una sociedad donde pudieran caber todos. Con esa gran familia de Hijos y Hermanos: abrió un camino de Reino a los pobres; valoró igual a varones y mujeres; amó a extraños y pecadores; propuso el poder como servicio y el compartir como principio de vida; estableció el amor como mandamiento principal. Unas actitudes que interpelan nuestro ser cristiano hoy.

Hemos de tener presente que la paz, además de un don, es tarea y no podemos esperar a que la construyan los demás, es cosa de todos; cada uno hemos de poner nuestro granito de arena, sin imposiciones ni rivalidades. Dependiendo de nuestra actitud, seremos constructores de paz o generadores de guerra.

Jesús superó las categorías sociales, culturales, económicas y religiosas que generaban exclusión y pobreza, creando una familia más extensa, especialmente acogedora y sanadora. Es un reto necesario en nuestra sociedad recuperar los valores de la acogida y la solidaridad, abrirse al extraño y diferente, compartir con quienes tienen necesidad y no construir una sociedad de privilegiados, cuidar los gestos de cercanía y comunicación personal en las relaciones.

Es necesario retomar la importancia de las pequeñas comunidades donde se comparten la fe, la vida, los bienes. En ellas se generan relaciones fraternas que facilitan la acogida, el cuidado y la convivencia en amor mutuo. Así ha de ser nuestro testimonio, signo de fraternidad y de esperanza, propuesta de nueva humanidad.

Para enriquecer la reflexión

Ofrecemos algunos textos bíblicos para orar con lo reflexionado y compartir desde la fe:

  • Mc 3,33-35: Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
  • Mc 10,29-30: Aquellos que han dejado un campo, una casa, una familia (en clave de posesión) recibirán cien casas, cien campos, cien familias, en clave de comunicación y abundancia pacífica, es decir, de posesión compartida (p.194). ¿Qué implica esto hoy en tu vida?
  • Hch 4,32-35: El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.

La metodología de trabajo propuesta es participativa y comunitaria. Cada congregación o instituto podrá compartir el trabajo realizado internamente enviándolo a eltrendelapaz@confer.es

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