El Tren de la Paz recorre su cuarta estación: “Paz económica. Una huelga universal de pobres”

Portada cuarta estación Tren de la Paz

Madrid, 24 de abril de 2024 (IVICON): En la cuarta estación el Tren de la Paz hace una parada técnica. El sistema económico mundial va a tal velocidad que se lleva por delante a quienes no aguantan el ritmo del beneficio y los intereses económicos de unos pocos a costa de la pobreza, injusticia y explotación de otros muchos, y de la Tierra. El Tren de la Paz económica tiene como motor la economía solidaria, partir y repartir para que “todos tengan vida, y la tengan en abundancia”. Lo que anima a este tren es el bien común, la gratuidad, las alternativas que promueven el cuidado y sostenibilidad de la creación, la solidaridad y la justicia.

Esta vez nos centramos en las páginas del libro de Xabier Pikaza, (pp.196-207), “El camino de la Paz. Una visión cristiana”, en las que nos habla sobre que la paz no depende solo de la economía, pero sin una nueva economía al servicio de la comunión humana no podrá haber paz sobre la tierra.  

Para la reflexión

En este momento son muchos los que piensan que, para evitar el colapso de la economía (con el riesgo que implica para miles de millones de personas), debemos realizar una profunda inversión (cambio de rumbo), de manera que el capital se ponga al servicio de los hombres, no en la línea de compra y venta, sino de comunicación personal. Para ello debemos iniciar una salida y una protesta, es decir, tomar la decisión de declarar una huelga universal, contra las leyes y normas del capital y del mercado, dejando de colaborar con el sistema y abandonando la ciudad de la opresión (como pedía Mc 13,14 y Ap 18,4) (p.204).

Abrir nuestra mente y corazón a otros valores, para trabajar de una forma distinta y para producir de otra manera, al servicio de los hombres (los pobres) y no del mercado capitalista o de la seguridad militar. No será una huelga contra nadie, sino a favor de todos, partiendo de los más pobres (p.204). Será una economía de caminos múltiples, para crear un espacio de encuentros abiertos, una red donde todos puedan encontrar un lugar, cada uno con sus peculiaridades y sus aportaciones (p.205).

Reflexión de equipo

El modelo económico en el que vivimos crea sistemas centrados en poseer, en lograr el mayor bienestar posible de forma inmediata, compulsiva y consumista, en la codicia justificada como eficiencia y crecimiento y en la competitividad que deteriora. Las consecuencias son una ansiedad e insatisfacción permanentes, un materialismo que deshumaniza, un egoísmo que anula lo comunitario y genera individualismo e indiferencia a la situación del otro.

La búsqueda de beneficio económico a toda costa provoca la destrucción de los recursos naturales y del planeta, la desigualdad creciente, la pobreza lacerante de millones de personas, el “descarte” de quienes no son “productivos”, la vulneración de derechos laborales, sociales y civiles, las migraciones en condiciones infrahumanas. Hace falta un espíritu profético para no aprovecharnos y dejarnos atrapar, porque estamos “metidos hasta la médula” en este sistema que genera muchas desigualdades entre quienes acumulan y quienes pasan necesidad.

El Evangelio plantea un cambio radical basado en el amor y se traduce en una economía más humana, que prioriza a quien pasa mayor necesidad e invita a compartir todo lo que somos y tenemos para bien de todos. Jesús propone iniciar este camino desde los pobres, con comunidades que comparten fe, vida y bienes, que construyan fraternidad, superando la cultura del descarte. Sólo desde ahí la paz podrá germinar y crecer en nuestro mundo.

La novedad que nos pide el Evangelio pasa por la gratuidad. Poner talentos, tiempo… al servicio de los demás. Lo que hacemos con gratuidad supone generar ya una pequeña brecha en este sistema que ha convertido el dinero en un fin, no en un medio. Dar de sí, más que pensar en sí. La solidaridad y el cuidado respetuoso y sostenible de lo creado son principios fundamentales que han de regir la convivencia y la economía.

Para enriquecer la reflexión

Ofrecemos algunos textos bíblicos para orar con lo reflexionado y compartir desde la fe.

  • Hechos 2,44-46: Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
  • 1 Juan 3,17: Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?.
  • Mt 25, 14-30: Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.

La metodología de trabajo propuesta es participativa y comunitaria. Cada congregación o instituto podrá compartir el trabajo realizado internamente enviándolo a eltrendelapaz@confer.es

Estaciones anteriores del Tren de la Paz

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