En Almería, donde el mar se funde con el plástico de los invernaderos y la agricultura intensiva ha transformado el paisaje y la demografía, hay realidades que apenas se cuentan. Se habla –y con razón– de explotación laboral, de jornaleros sin contrato, de condiciones infrahumanas. Pero casi nunca se habla de ellas. De las mujeres que, en cortijos apartados, en casetas que fueron aperos, en pisos dispersos o en la carretera, ejercen la prostitución en condiciones de extrema vulnerabilidad. Ahí, en ese territorio complejo y profundamente invisibilizado, llevan más de dos décadas trabajando las Oblatas del Santísimo Redentor y las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. Cada congregación con su propio proyecto, con su propio carisma y estructura. Pero unidas en una iniciativa común que es ya un signo de los tiempos: el Proyecto Encuentro.
“Asumimos que el foco principal es esa conexión con las mujeres que están allí”, explica Asunción Bartolomé, hermana oblata y referente institucional del proyecto en Almería. “Normalmente se va a cortijos, a invernaderos, a distintos pisos también… todo lo que hoy llamamos la prostitución deslocalizada. Los focos están mucho más invisibilizados por las características de los invernaderos y por el contexto social que hay allí”, señala. Allí, “las condiciones todavía son más infrahumanas y a todos los niveles de cuidado, sobre todo de protección”, asevera la religiosa. “Son contextos donde hay muchos más riesgos y donde las mujeres están más desprotegidas”, agrega.
Una iniciativa intercongregacional
Como recuerda Juani López, adoratriz y responsable del proyecto compartido, todo comenzó a cambiar a principios de los 2000. “En 2002 hicimos un análisis de la realidad. Era cuando empezó todo el tema de inmigración aquí en Almería. Con el avance de los invernaderos empezó a llegar gente de fuera y, al llegar ellos también llegaron mujeres”, explica. Las primeras víctimas de trata eran derivadas por la policía a la casa de acogida que las Adoratrices tienen en la ciudad. “Nos las traían de diferentes lugares y un día, hablando con Oblatas, dijimos: ¿por qué no hacemos algo conjunto con estas mujeres en los contextos donde están ejerciendo la prostitución?”. Así nacieron las primeras salidas al medio: carretera, clubes, invernaderos.
Con el tiempo, aquel impulso se formalizó en el Proyecto Encuentro, apoyado por la CONFER como iniciativa intercongregacional. “Personalmente, viendo la realidad de la vida religiosa hoy, la intercongregacionalidad es un signo”, afirma Bartolomé. “Es una llamada de hoy, pero también es un reto”, reconoce. Porque caminar juntas no es solo sumar recursos, sino dejar que el propio carisma se ensanche. “Cuando te sitúas en un ‘inter’ conlleva dejar fluir, dejar que se vayan cosas para introducir otras formas, que también es una riqueza”, insiste.
Oblatas y Adoratrices comparten la centralidad de la mujer en sus carismas. “Lo que más nos une es el trabajo con la mujer”, resume López. “El acompañamiento en sus procesos y el empoderamiento y la salida de las situaciones que más esclavizan a la mujer”, añade. No fue difícil encajar porque el horizonte es común: dignidad, libertad, procesos. Cada congregación mantiene su propio proyecto. Las Adoratrices cuentan con recurso residencial y casas de acogida. Las Oblatas trabajan también desde otros dispositivos sociales y educativos. Pero en Almería salen juntas. “Hacemos salida martes, miércoles y jueves a las diferentes rutas donde las mujeres están, tanto del Levante como del Poniente y de la capital”, explica López.
El punto de inicio, el encuentro
Las mujeres cambian de procedencia según los flujos migratorios y las redes de trata. “Primero eran principalmente del este. Luego hubo el boom de mujeres de Nigeria. Actualmente son sobre todo de Latinoamérica y África”, enumera López. Muchas son muy jóvenes, y, a pesar de ello, son “las sostenedoras de la familia”.
Antes de cualquier trámite, antes de cualquier intervención técnica, está el encuentro. “El primer punto es el acercamiento, contactar con ellas, crear una relación y un vínculo de confianza y de libertad y de no juzgar”, subraya Bartolomé. Para ello, las congregaciones usan una unidad móvil. “Les ofrecemos la tarjeta sanitaria, porque tenemos convenio con la delegación y podemos tramitarla. Es lo elemental y fundamental para que estén cuidadas”, explica López. Desde ahí, poco a poco, se abre la posibilidad de atención psicológica, jurídica, formación. “Muchas están en tratamiento psicológico, porque son situaciones muy fuertes”, reconoce López.
Incidencia sin indeferencia
Bartolomé insiste en que toda la intervención se hace “desde esa orientación de hacerles valer sus derechos, que se les reconozca, hacerlas válidas como protagonistas de la respuesta que quieran dar en su momento vital desde una visión feminista de poner a la mujer en el centro”. “Nuestra orientación es que ella vea en sí todas las posibilidades que tiene para tomar sus decisiones”, explica, subrayando que su labor es la de acompañar procesos para que, si lo desean, puedan salir de ese circuito que a veces esclaviza.
Pero el proyecto no se limita a la intervención directa. “Ante esta situación no solo podemos limitarnos a dar respuestas técnicas, sino que tenemos también que incidir en las causas”, dice Bartolomé. “Ver cómo podemos incidir en esas estructuras que llevan a las mujeres a estas realidades y no solo las llevan, sino que les hacen permanecer”, explica. Y es que no se trata solo de una cuestión de consumo de prostitución, sino de indiferencia social. “También contribuimos a que continúe esta realidad cuando miramos hacia otro lado”, añade. López coincide: “Sufren mucho. Pero son muy fuertes. Su capacidad de resiliencia es fortísima”. Y es que por los hijos son capaces de todo.
Texto: Elena Magariños


