Vivimos tiempos atravesados por la incertidumbre, la soledad o el miedo al mañana. Guerras abiertas en distintos lugares del mundo, sufrimiento de pueblos enteros, intemperie interior… Todo parece hablar de fragilidad herida y de una humanidad que no termina de aprender el lenguaje de la paz. Y, sin embargo, en medio de este escenario, podemos proclamar con una fuerza inaudita la Palabra que cura las heridas de la muerte: Cristo ha resucitado.
La Pascua no niega la noche, la transfigura, la envuelve en sosiego, la colma de plenitud. Con la Resurrección, revivimos que la muerte no tiene la última palabra. Y Dios, que llora con los que lloran y recoge cada una de las heridas de sus hijos, no responde al estruendo de las armas con odio, porque su único lenguaje se escribe con la tinta del amor. Su mirada permanece sin temblar, espera sin rogar, consuela sin gritar, sostiene sin medir y ama sin reclamar.
«La vida religiosa ha de convertirse en profecía de reconciliación»
La lógica del Viviente no irrumpe como un relámpago que ciega, sino como una luz que, lentamente, hace posible el alba. Y para quienes hemos consagrado la existencia al seguimiento de Cristo, descubrimos que la Pascua es más que un destino: es plenitud, es deseo, es una forma de vida. La vida religiosa ha de convertirse en profecía de reconciliación: donde el perdón sea posible, la fragilidad se comparta y la paz sea realidad, refugio y carne compartida.
Hoy, la humanidad camina entre sombras de guerra, pero la tumba está vacía. Y esa es nuestra certeza. Por eso, cada gesto de fidelidad humilde, cada acto escondido de compasión y cada ‘sí’ pronunciado en medio de la noche, es ya participación en la victoria del Cordero. Resucitar es ver cómo brota la luz bajo las ruinas y revivir la promesa de que Dios no ha abandonado a su creación, porque la está llevando –a través de la Cruz– hacia una aurora que nada ni nadie podrá apagar jamás. Nada está perdido: el Amor ha atravesado la muerte y la ha dejado vacía para siempre. Y, desde entonces, la historia ya no avanza hacia la oscuridad, sino hacia la Luz. ¡Feliz Pascua de Resurrección!
Jesús Díaz Sariego, OP | Presidente de la CONFER


