Mensaje de Pascua de Elías Royón, presidente de la CONFER

Madrid, 1 de abril de 2013 (IVICON).- El presidente de CONFER, el P. Elías Royón, ha hecho público un mensaje con el que quiere desearos, el gozo y la paz de Cristo Resucitado, la luz y la alegría pascual.

“Como el Padre me envió,

yo os envío a vosotros” (Jn 20,21)

    Pascua de Resurrección 2013.

  Queridos hermanos y hermanas:  

  En esta Pascua de Resurrección deseo hacerme presente a cada uno de vosotros y a vuestras Comunidades para desearos, el gozo y la paz de Cristo Resucitado, la luz y la alegría pascual, que anoche nos inundó en la celebración de la gran Vigilia.   Y en primer lugar la felicitación pascual y nuestra oración por Su Santidad el Papa Francisco, el nuevo Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia universal, con quién, desde nuestra peculiaridad carismática en la Iglesia, estamos especialmente ligados. 

   Os invito a contemplar en estos días al Resucitado ejerciendo el oficio de consolador. Efectivamente, en todos los relatos de las apariciones salta a la vista esta función de Jesús con sus discípulos desparramados, llenos de miedo, en un estado de profunda oscuridad y desolación. Los discípulos se sienten como perdidos. Una experiencia  que está a punto de provocarles el abandono del seguimiento de Aquel que les llamó y del que han experimentado su perdón y su amor. Es la situación del “sábado santo”.  

   Un texto en particular nos puede servir de guía: la aparición de Jesús a sus discípulos reunidos que nos narra el Evangelio de Juan (Jn 20, 19-23). El Resucitado dinamiza, anima y consuela el “estado de sábado santo” en que se encuentran: asustados, encerrados, en desconcierto interior, sin esperanza. No faltan situaciones parecidas en nuestra Iglesia y en ella, dentro de la vida religiosa. El clima cultural se interpreta hostil y parece más seguro crear una dinámica de defensa, que tiene mucho de ensimismamiento, de cerrar las puertas y considerar a todo lo “exterior” como peligroso. El Papa Francisco exhortaba a los cardenales a no dejarse vencer por  pesimismo y el desánimo, porque esa es la tentación del espíritu del mal (15.03.2013). Y en la homilía del inicio de su ministerio petrino: “también hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza…la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios…está fundada sobre la roca que es Dios”.  

   El Resucitado ejerce con ellos su oficio de consolador. Jesús atraviesa las puertas cerradas y las barreras del corazón, les concede la paz y el Espíritu y les envía en misión: como el Padre me envió, yo os envío a vosotros (Jn 20,21). Así les devuelve la alegría, el miedo será vencido por el saludo de la paz pascual, y el encerramiento se convierte en misión al mundo. La misión rompe los cerrojos y saca del mirar exclusivamente los propios problemas. El Papa Francisco recordaba que “el Espíritu Santo da a la Iglesia el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra” (A los Cardenales 15 marzo 2013).  

   En medio de nuestra debilidad y pobreza, la Iglesia continúa enviándonos hoy como ayer, por los caminos del mundo para proclamar el mensaje de Jesús. Así, la vida religiosa se siente, por su naturaleza carismática, en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión (cf VC 3). Y acoge con gozo, en el año de la fe, la invitación de Porta Fidei: “… a ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida” (n. 2) “Todos juntos, pastores y fieles, nos esforzaremos por responder fielmente a la misión de siempre: llevar a Jesucristo al hombre, y conducir al hombre al encuentro con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.” ( Papa Francisco a los Cardenales, 15.03.2013). En modo alguno, pues,  puede debilitarse en la Vida Religiosa, ni individual ni colectivamente, a pesar de las dificultades, la actitud de disponibilidad para “ser enviados”; sería renunciar a nuestra propia identidad de “llamados” por el Espíritu a identificarnos con el Enviado del Padre: Jesucristo.

  Todavía está reciente la Jornada de la Vida Consagrada, cuyo lema nos remitía al Resucitado: signo vivo de la presencia de Cristo Resucitado en el mundo. Signos pues de Cristo consolador, que lleva, por nuestra mediación, el gozo y la esperanza a un mundo tan carente de signos de paz y fraternidad, que le falta incluso la confianza para mirar al futuro. Esa es la responsabilidad misionera de la vida religiosa que se nutre de la escucha atenta de la palabra en  las diversas circunstancias, “con la atención constante a Dios, abierta a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio” (Papa Francisco Homilía inicio de su ministerio), “tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual” (PF 15), concretando esa palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos. (cf Lc 4,18-19; PF 13)  

   Ha resonado con fuerza en nuestro corazón las palabras del Papa: ¡Cuánto me gustaría una Iglesia pobre y de los pobres¡. Una llamada a volver a la autenticidad del Evangelio. Una llamada que quisiéramos recoger y hacerla efectiva desde nuestro modo de ser Iglesia. No podemos pues olvidar en estos días pascuales a nuestros hermanos que más están sufriendo la crisis moral y económica: los inmigrantes, y de modo particular a los que solemos llamar los “sin papeles”. El Papa nos está enseñando con sus palabras y sus gestos a “acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños” (Homilía 19 marzo 2013). La vida religiosa desea continuar  fiel a su compromiso con los predilectos de Jesús, denunciando desde la libertad del evangelio unas prácticas y unos intentos legislativos lejanos de la caridad y el respeto a la dignidad de la persona. Quisiera recordar a este propósito las palabras del Beato Juan Pablo II en su Mensaje para la Jornada por la Paz de enero 2005, donde ponía las bases de una “ciudadanía mundial” cuando afirmaba: “La pertenencia a la familia humana otorga a cada persona una especie de ciudadanía mundial, haciéndola titular de derechos y deberes, dado que los hombres están unidos por un  origen y supremo destino comunes.” (n.6)

  Concluyo deseando a todos los religiosos y religiosas que en esta Pascua recorramos con el Papa “este camino de Iglesia…camino de fraternidad, de amor, de confianza entre todos”, “el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo” (PF 2), pues “sólo en El tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero”(PF 15).

  Elías Royón, s.j, Presidente de CONFER.      

Compartir:

Related Posts

Scroll al inicio