Fernando García, SDB: «Vivo esta etapa como un servicio a la casa común que es la CONFER»

Vivo esta etapa como un servicio a la casa común que es la CONFER

Incluso siendo provincial de los salesianos de media España, podrías encontrarte a Fernando García Sánchez (Madrid, 1974) atendiendo a media tarde la capilla de un pueblo de la costa malagueña. El nuevo secretario general de la CONFER profesó en 1993 y es sacerdote desde 2004. Formado entre Salamanca y Roma, ha sido a lo largo de su vida salesiana coordinador de pastoral, de deportes, director de centros juveniles o director de colegios en casas como Soto del Real, Aranjuez y Madrid. Como miembro del consejo provincial fue coordinador de escuelas de una de las dos inspectorías salesianas de España, la de Santiago el Mayor, de la que sería provincial hasta hace unos meses. Un servicio marcado por la disminución de vocaciones, la reestructuración de las presencias salesianas, la puesta en marcha de una mayor sinodalidad en el discernimiento en las presencias o el acompañamiento de los procesos de justicia restaurativa para las víctimas de abusos en instituciones eclesiales.

Llegada a la CONFER

Llega a la secretaría de la CONFER después de seis años como provincial de los salesianos de Santiago el Mayor. De liderar a casi 500 religiosos pasa a ser el líder de 30.000. ¿Lo vive con más responsabilidad?

Cada momento de la vida te trae nuevos retos que asumes con las experiencias y los aprendizajes realizados en las épocas anteriores. Ser provincial es algo muy diferente a ser secretario general de la CONFER porque un provincial tiene una responsabilidad de cuidado personal sobre cada religioso/a y cada persona vinculada a la institución y eso conlleva una carga emocional muy intensa. Esta nueva etapa la vivo como un servicio a la casa común que es la CONFER para cuidar la comunión.

¿Se ha perdido mucho tiempo en estos últimos años en lamentarse en el decrecimiento de los institutos?

Estar hablando siempre de que somos menos o más mayores ni nos hace bien, ni hace justicia al gran impacto que la Vida Consagrada sigue teniendo en la sociedad española a través de nosotros y nuestras familias carismáticas. El problema principal que tenemos es, sin duda, el vocacional, pero la crisis vocacional es una realidad compleja que requiere lucidez en el análisis y valentía en las respuestas. Estamos viviendo un tiempo en el que junto a la dificultad para asumir compromisos estables renace la búsqueda de sentido y espiritualidad entre los jóvenes. El reto es saber captar sus necesidades y sintonizar con ellas para acercarles al encuentro con Jesús que llama e interpela. Esto comienza por una conversión personal de cada consagrado para ser un auténtico discípulo misionero.

Hay diferencia entre tener una estrategia de futuro o simplemente gestionar un declive. ¿Cuál es su apuesta?

Mi apuesta es vivir las virtudes teologales, que es la forma en que Dios está presente en nuestro mundo, y crear desde ellas lugares de encuentro y conversación, de acompañamiento y reconciliación. No nos tiene que preocupar ser menos sino ser insignificantes. En la debilidad y en la fragilidad es donde Dios se nos manifiesta y ahí nacen los testimonios más creíbles, porque seguimos a un Crucificado Resucitado. Lo diría con una frase que Amadeo Cencini nos dirigió a los salesianos en el último capítulo general al que asistí: “La esperanza es la fe que genera confianza y se convierte en profecía”. Me parece un buen programa de vida para huir tanto de derrotismos estériles como de optimismos huecos.

Desafíos de la Vida Consagrada

La CONFER viene en estos años poniendo sus esfuerzos en la misión compartida y la intercongregacionalidad. ¿Son parches a la escasez o una respuesta evangélica a los signos de los tiempos?

En el 2015, con ocasión del año de la Vida Consagrada, recibimos un caudal de reflexiones que siguen siendo fuente de inspiración. Ya se decía entonces que “cada institución religiosa a solas no podrá tener la luz y la fuerza para afrontar la complejidad de hoy”. El evangelio es nuestro lugar de encuentro y la Iglesia en salida comienza por no encerrarnos en los límites de nuestros esquemas. Nuestros carismas son un regalo para los demás que queremos compartir.

Por delante tiene ahora muchos desafíos. Antes de entrar en ellos, ¿qué balance hace de la salud de la Vida Religiosa hoy? ¿Qué debería atreverse a abandonar?

La Vida Consagrada tiene el reto de recuperar frescura en el seguimiento de Jesús y encontrar los gestos y las palabras oportunas para conectar con la búsqueda de Dios que despunta en muchas personas. La autenticidad y la credibilidad de vida que nace de la fe es nuestra fortaleza, en cambio, el formalismo, la inercia y la rutina es lo que nos puede volver insignificantes. Las palabras del papa Francisco siguen resonando sin perder nada de su valor: “Que donde haya religiosos haya alegría, despertad al mundo, sed expertos en comunión, salid de vosotros mismos, discernid lo que Dios y la humanidad os está pidiendo”. Hay que desprenderse de todo lo que nos impide realizar este proyecto.

Hablando de desafíos en la Vida Consagrada. ¿Qué le preocupa a Fernando García o, dicho de otra manera, a qué urgencias cree que debe responder?

Hemos identificado algunos temas que pertenecen a un abanico amplio que va desde la espiritualidad a la organización. Queremos realizar un plan de cuidado integral para los religiosos y una memoria del impacto que la vida consagrada tiene en la sociedad. Queremos facilitar espacios de encuentro para superiores mayores y dar continuidad a lo reflexionado en la última Asamblea para acompañar un estilo sinodal en el gobierno de los institutos. Queremos iniciar un observatorio de la educación en la escuela católica… Son solo algunos ejemplos de temas que nos gustaría convertir en una programación estratégica para la CONFER.

En comunión

Han pasado más de tres meses desde la visita del Papa a España. ¿Cómo se articulan los retos que nos ha dejado León XIV con los que tiene la Vida Religiosa?

La visita del papa León XIV ha tenido un impacto increíble, tanto por la claridad de sus mensajes como por la respuesta que en esos días dio la sociedad española, haciendo una demostración de la necesidad transversal que tiene de referentes morales y espirituales. El tema es tan importante que hemos creado un grupo específico en la CONFER para que nos regale una síntesis que pueda servir de guía tanto para los equipos de la sede como para cada uno de los institutos. Estad atentos a lo que nos ofrezcan.

Mirando hacia fuera, la sociedad vive hoy polarizada. ¿Cómo lee esta situación?

La polarización nace de la simplificación de lo complejo y de la sustitución del discernimiento por el eslogan. El Papa fue explícito en su primer discurso realizado en el Palacio Real: “Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”. Todos tenemos que reflexionar por qué la polarización está entrando en nuestras comunidades y es la antítesis del gran proyecto que Magnifica humanitas nos presenta como “arquitectos de comunión”. Os invito a leer los párrafos de la encíclica en los que el papa describe el proceso de actuación del profeta Nehemías ante los muros derrumbados de la ciudad y que es una inspiración para los procesos personales y comunitarios con los que la Vida Consagrada responde hoy a las necesidades de la sociedad.

Estos días hemos vivido con pena la situación en Ceuta, donde no ha faltado la mano tendida de las congregaciones presentes en la ciudad autónoma. ¿Se puede apostar sin ambages por la dignidad humana a la vez que pedir la defensa de las fronteras?

Tras ponernos en contacto con las congregaciones que están en el terreno, escuchar a Cáritas y al Área de Migraciones de la CONFER publiqué una reflexión en este sentido. Estamos ante un problema complejo en el que está en juego la dignidad de cada ser humano con su propio rostro, la convivencia y la confianza en el Estado de derecho para asegurar la libertad de los ciudadanos y la dignidad de las personas.

Fronteras

Y hablando de fronteras, ¿cuáles debe habitar hoy la Vida Religiosa?

La Vida Religiosa es memoria y profecía del evangelio. A lo largo de los siglos ha creado lugares de encuentro, de formación y espiritualidad que tiene que seguir habitando en una sociedad especialmente necesitada de referentes en humanidad y en cuidado del alma. La frontera en la que tenemos que estar es la de los más pobres, los más necesitados, los que se sienten más solos e indefensos a veces teniendo tantas cosas, pero carentes de referentes creíbles y de un hogar que los acoja. Ese hogar puede ser un colegio, una parroquia, un centro social, un recurso residencial para migrantes, una comunidad, un hospital de paliativos…

Los abusos han provocado el desvelo de los superiores mayores durante los últimos años. ¿Qué ha cambiado en el seno de las congregaciones después de estos escándalos?

Hemos educado nuestra mirada para saber ver a las personas heridas y la hondura de su dolor. Hemos buscado posadas donde llevar a estas personas al darnos cuenta de que nosotros éramos parte del problema. Así se han comenzado a ofrecer espacios terapéuticos y restaurativos donde, en ambientes de seguridad y confianza, se han verbalizado necesidades y se ha canalizado la respuesta. Se ha avanzado mucho en protocolos y en medidas preventivas, que son indispensables para la no repetición de estas situaciones. Este camino tiene que seguir profundizándose para que la verdad y la reparación integral ayude a cada persona a sanar y a liberarse de esas ataduras que le perpetúan en el sufrimiento vinculado emocionalmente a un agresor o a una institución. Con todos los pasos dados y con los acuerdos que la Iglesia ha firmado está nuestra voluntad de ayudar a sanar a cada persona a la que se le hizo daño.

Texto: Rubén Cruz / Fotografía: Jesús G. Feria

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