Este 5 de octubre, Día Mundial del Hábitat, Naciones Unidas nos invita a poner en el centro una prioridad que hoy interpela especialmente a nuestra sociedad: «Vivienda adecuada para todos».
En España, miles de personas están saliendo estos días a las calles para reclamar el derecho a una vivienda digna. Jóvenes que no pueden emanciparse, familias que no encuentran un alquiler asequible, personas mayores que viven con el temor de perder su hogar, personas sin techo, migrantes, y quienes sobreviven en habitaciones hacinadas o en viviendas indignas nos recuerdan que la vivienda no es un lujo ni únicamente un bien económico: es una condición fundamental para una vida digna.
Una casa es mucho más que cuatro paredes. Es refugio, intimidad, seguridad, vínculos, pertenencia y posibilidad de construir un proyecto de vida. Es hogar. Y hablar de hogar nos lleva a hablar de hábitat.
Del hábitat al hogar, del hogar a la Casa común
Ayer celebrábamos a san Francisco de Asís y concluía el Tiempo de la Creación. Su figura nos recuerda que la tierra es nuestra Casa común, un hogar compartido que hemos recibido y que estamos llamados a cuidar.
Pero las imágenes de estos últimos años siguen en nuestra retina: la lava de La Palma sepultando casas y pueblos; la DANA arrasando localidades y vidas en Valencia; los incendios devorando bosques, viviendas y paisajes; las inundaciones y tormentas que obligan a tantas personas a abandonar sus hogares; los terremotos… Y hay otra amenaza constante, más silenciosa, que es la ambición desmedida, la injusticia, el poder al servicio de intereses particulares, el deterioro del estado de bienestar, un sistema económico que genera pobreza y desigualdad.
La crisis de la vivienda y la crisis ecológica no son realidades aisladas. Cuando un territorio deja de ser habitable, las personas sufren; cuando una persona pierde su hogar, también se rompe una parte de su mundo.
Por eso, cuidar la Casa común significa también cuidar las casas concretas, los barrios y pueblos, y a las personas que los habitan.
«Salir del lugar cómodo del espectador»
Durante su reciente visita a España, el papa León XIV nos ofreció palabras especialmente luminosas para mirar esta realidad.
Ante las autoridades españolas señaló como criterios para la vida social «la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz».
En Madrid, durante su visita al CEDIA 24 Horas, recordó que en una verdadera comunidad «nadie se queda solo» y que «la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos».
Y en Canarias, al encontrarse con personas migrantes y quienes las acompañan, pronunció una llamada que alcanza también nuestra realidad habitacional: el Evangelio «nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega».
Testigos de una realidad que pide ser escuchada
Como Vida Consagrada, no queremos contemplar esta realidad desde la distancia. Estamos cerca. Y esa cercanía nos hace testigos de primera mano. A través de nuestros centros sociales y parroquiales, proyectos de acogida y acompañamiento, recursos para personas sin hogar, migrantes y familias, y tantos otros servicios, escuchamos cada día historias concretas de precariedad, de pérdida, de miedo y de sufrimiento, pero también historias de resistencia, esperanza y superación.
Por eso queremos que sus voces sean escuchadas. No hablar en su lugar, sino abrir espacios para que puedan expresar lo que viven y reclamar aquello que les corresponde: dignidad, derechos, oportunidades y un hogar.
Son muchas las congregaciones y comunidades religiosas que, en tantos lugares de España, están junto a estas personas. La Guía de Recursos Sociales de CONFER permite conocer una parte de esta presencia.
Nuestra tarea no consiste únicamente en atender necesidades. Es también acompañar, acoger, defender derechos, generar comunidad y recordar a nuestra sociedad que detrás de cada situación de exclusión hay una persona cuya dignidad permanece intacta.
Una llamada al bien común
La emergencia habitacional exige respuestas políticas y sociales decididas, estables y coordinadas. Por ello, desde la CONFER hacemos un llamamiento a las administraciones públicas para que garanticen políticas de vivienda que pongan en el centro a las personas y aseguren alternativas habitacionales para quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
Pedimos también que la vivienda no sea terreno de confrontación partidista, sino una causa común al servicio del bien común; que no se considere únicamente como un activo económico, olvidando su función social; y que como sociedad no normalicemos la exclusión residencial ni hagamos invisibles a quienes viven en nuestras calles.
Y llamamos a las comunidades cristianas y a la Vida Religiosa a seguir haciendo aquello que tantas ya hacen cada día: abrir puertas, acompañar procesos, defender la dignidad y construir espacios donde nadie se sienta descartado.
Porque todos tenemos derecho a habitar dignamente esta tierra.
Porque todos necesitamos un hogar.
Porque todos formamos parte de la misma Casa común.
Vivienda adecuada para todos.
Un hogar para todos.
Una Casa común habitable para todos.


