«Atención integral a hombres y unidades familiares víctimas de trata de seres humanos para todos los fines de explotación”. Este programa nació a través de la intervención que la Fundación Cruz Blanca realiza a través de los programas de acercamiento a espacios vulnerables -como pueden ser clubs, pisos de prostitución, la calle, polígonos industriales o asentamientos de personas temporeras- donde mediante rutas semanales de acercamiento entramos en contacto con personas que pueden estar viviendo situaciones de explotación y/o trata de seres humanos.
Conocemos sus necesidades de primera mano y les ofrecemos un servicio de mediación, que es el acompañamiento a los recursos del territorio. El objetivo de nuestra intervención es poder mostrar y ofrecer una realidad alternativa a su situación, siempre respetando sus ritmos, generando confianza. Lo más difícil es romper la burbuja de aislamiento a la que les someten las redes de explotación. Cuando llega el momento en que estas personas se sienten preparadas, que encuentren de inmediato en Cruz Blanca unas manos profesionales que las van a acompañar en todo el proceso.
Perfiles muy diversos
Atendemos tanto a mujeres, hombres y familias, porque la trata no tiene un único rostro. Especialmente, en el caso de los hombres nos encontramos perfiles muy diversos, pueden ser chicos muy jóvenes que tienen estudios universitarios, hemos acogido a periodistas, enfermeros e, incluso, psicólogos. En el caso de hombres más maduros, muchos de ellos tienen oficios como carpinteros, restauradores, o baristas. Su procedencia, a veces está relacionada con el espacio de detección, nos los encontramos, por ejemplo, en el sector de la hostelería y servicios, muchos de ellos son originarios de América Latina, principalmente de Colombia. En zonas rurales es donde se detectan situaciones de explotación laboral en el campo, suelen proceder de África subsahariana, Marruecos y Argelia. En el caso de espacios de explotación relacionados con el comercio, como locutorios y supermercados, muchos proceden de Asia.
La mayoría llegó a Europa buscando un futuro mejor, con ofertas de trabajo que parecían legítimas. Sin embargo, se encontraron atrapados en situaciones de explotación, principalmente laboral, aunque también sexual con la obligación de ejercer mendicidad o bien de comisión de delitos. En algunos casos, la normalización de la explotación en su país de origen les dificulta reconocer que lo que están viviendo aquí es un delito. Hemos acompañado a hombres que tardaron más de un año en comprender que dormir en un colchón detrás del mostrador de un locutorio no es digno. Con todos ellos trabajamos desde la misma convicción: cada persona merece una vida libre, segura y en condiciones de justicia.
Acompañamiento y transformación
Nuestro modelo de atención, está centrado en la persona. Cruz Blanca acoge, acompaña y transforma, entendiendo que la propia persona es quien debe guiar su propio proceso de reconstrucción y que debe abarcar todas las dimensiones de la persona: emocional, social, legal, formativa y sobre todo espiritual, ya que trabajar el auto perdón y la reconciliación consigo mismos son fundamentales para poder avanzar.
Nuestra misión es colaborar en la construcción de una sociedad más justa y fraterna, es por ello que debemos luchar contra la trata y acompañar procesos de dignidad y liberación. Lo más valioso para nosotras es ver cómo muchas de las personas a las que hemos acompañado vuelven para contarnos que han encontrado un trabajo digno, que han formado una familia o que, por fin, viven en paz. Esas pequeñas cosas son, para nosotros, signos de vida nueva, pruebas de que la dignidad puede renacer incluso después del dolor más profundo.
Texto: Neus Prats. Trabajadora social y coordinadora del Centro Josefina Bakhita de Fraga (Huesca), de la Fundación Cruz Blanca


