«Alzad la mirada» es la invitación que nos ha dejado el Papa León XIV con motivo de su visita a España, recorriendo las diócesis de Madrid, Barcelona, San Feliu de Llobregat, Gran Canaria y Tenerife. Una visita que ha marcado un antes y un después en la Iglesia española. Sus discursos, serenos y profundamente inspiradores, perfilan un magisterio que muchos necesitábamos escuchar. Cada una de sus palabras y de sus gestos, así como su manera de situarse ante las complejas realidades que atraviesa nuestra sociedad, han abierto ventanas por las que vuelve a entrar un aire nuevo. Han devuelto oxígeno, confianza y horizonte. Sin duda alguna, todas las instituciones eclesiales hemos salido muy fortalecidas y esperanzadas en esta nueva etapa que se abre para la Iglesia universal.
El tiempo estival constituye una oportunidad privilegiada para el descanso. Pero también para recobrar la hondura interior y el vigor espiritual que todos necesitamos frente al desgaste de la misión cotidiana, al peso de las responsabilidades y a las fatigas que, inevitablemente, deja el camino recorrido. Desde la CONFER invitamos a leer detenidamente los mensajes que el Santo Padre nos ha regalado, iluminados además por la excelente encíclica Magnifica Humanitas. Su contenido requiere ser orado, reflexionado e interiorizado, y sus páginas reclaman un corazón disponible. Sólo así podrán convertirse en verdadera savia para nuestra vida y misión. Ese camino nos ayudará a seguir edificando una Iglesia cada vez más cimentada en la comunión que en la polarización: más integradora que excluyente, más reconciliadora que impositiva, más evangélica que oportunista. Una Iglesia donde la esperanza no sea un discurso, sino un modo concreto de habitar la historia.
Estamos viviendo un nuevo momento eclesial. También la vida consagrada participa de este tiempo de gracia. Conviene saborear, desde la serenidad del descanso, este nuevo kairós, dejando que el Espíritu vuelva a sorprendernos allí donde, a veces, sólo alcanzamos a percibir cansancio, incertidumbre o desánimo. Porque es precisamente en esos umbrales donde el Señor acostumbra a inaugurar con delicadeza sus caminos más fecundos. La serenidad del Espíritu será nuestra mejor maestra para el discernimiento. ¿Cómo recorrer ese camino? Volviendo, una y otra vez, a la profundidad de la Palabra y afrontando los grandes desafíos que tenemos entre manos. Porque sólo quien alza la mirada descubre que el horizonte se despeja allí donde Dios continúa haciendo nuevas todas las cosas.
¡Feliz descanso!
Texto: Jesús Díaz Sariego, OP. Presidente de la CONFER


