La renovación de la Iglesia en el siglo XXI fue uno de los grandes hilos conductores del viaje apostólico de León XIV a España. En sus encuentros con obispos, sacerdotes, religiosos, agentes pastorales, jóvenes, representantes del mundo de la cultura y autoridades civiles, el Pontífice presentó una visión profundamente eclesial de la misión de la Iglesia en el tiempo presente: una Iglesia arraigada en la Eucaristía, fiel al Evangelio, abierta al diálogo con la sociedad y capaz de anunciar a Cristo utilizando nuevos lenguajes.
Lejos de plantear una adaptación superficial a las modas culturales, León XIV propuso una auténtica renovación espiritual y pastoral que permita responder a las preguntas del hombre contemporáneo sin diluir la identidad cristiana.
«La Iglesia tiene un mensaje para todos»
Las primeras palabras del papa sobre esta cuestión llegaron incluso antes de pisar suelo español. Durante el vuelo entre Roma y Madrid, saludó a los periodistas que acompañaban el viaje y explicó cuál es la razón última de toda visita apostólica. «Una visita apostólica es venir a encontrar a los fieles, a celebrar la fe, a anunciar el mensaje de Jesucristo. Pero, al mismo tiempo, es saludar a todos, a toda la sociedad, porque la Iglesia tiene un mensaje para todos».
Y precisó cuál es ese mensaje: «Todo para vivir la fe y para anunciar este mensaje del amor de Dios, de la caridad y del respeto por cada ser humano».
Desde el inicio del viaje quedó clara una convicción que recorrería todos sus discursos: la Iglesia no existe para hablar únicamente a sí misma, sino para dialogar con toda la sociedad desde la propuesta del Evangelio.
Una Iglesia que dialoga con la cultura
Esta idea alcanzó su desarrollo más amplio durante el encuentro «Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte», celebrado en Madrid.
Ante intelectuales, artistas, empresarios y representantes de diversos ámbitos sociales, León XIV recordó que la Iglesia nunca debe situarse frente al mundo como una realidad aislada. «La Iglesia desea seguir caminando con la sociedad, compartiendo sus preguntas, sus esperanzas y también sus inquietudes, convencida de que el Evangelio no aparta al hombre de la historia, sino que le permite comprenderla con mayor profundidad».

El papa explicó que la cuestión fundamental continúa siendo la misma que ha acompañado a toda la humanidad: «La cuestión decisiva sigue siendo la misma: ¿qué significa ser verdaderamente humano?» Y respondió desde la experiencia cristiana: «La Iglesia comparte con humildad, pero también con firmeza aquello que ha descubierto en la experiencia de la fe: que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad». No se trata, afirmó, de imponer respuestas, sino de ofrecer una esperanza capaz de iluminar la existencia humana.
Nuevos lenguajes para anunciar el Evangelio
Uno de los ejes pastorales más novedosos apareció durante el encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral en Las Palmas de Gran Canaria. Reflexionando sobre la evangelización en el siglo XXI, León XIV afirmó:
«Estamos llamados a construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes». Pero inmediatamente explicó qué significan esos nuevos lenguajes. «El primero tiene que ver con la capacidad de comunicar, de hablar con cada realidad presente en nuestro territorio, de abajarse no sólo para comprender, sino para compartir».
Y añadió una de las frases más significativas de todo el viaje: «Hay que comenzar por aprender el lenguaje del otro, iniciar procesos e ir tejiendo vínculos donde poder sembrar la semilla del Reino». Para el papa, la renovación pastoral comienza escuchando antes de hablar, comprendiendo antes de enseñar y acompañando antes de juzgar.
La liturgia, fuente permanente de renovación
Si el diálogo con el mundo constituye una dimensión esencial de la misión de la Iglesia, León XIV recordó constantemente que esa apertura sólo puede sostenerse desde una profunda vida litúrgica. Durante la solemnidad del Corpus Christi explicó que la Eucaristía constituye el corazón de toda la acción evangelizadora.
«La Eucaristía nos reúne como pueblo de Dios y nos envía nuevamente al mundo para convertirnos en testigos del amor que hemos recibido». Y añadió: «No existe verdadera misión sin adoración, como tampoco existe auténtica adoración que no conduzca al servicio de los hermanos».

Para el papa, la renovación pastoral no nace principalmente de nuevas estrategias, sino del encuentro permanente con Cristo presente en los sacramentos.
Una Iglesia que sale al encuentro
En varias ocasiones León XIV insistió en que la Iglesia debe abandonar toda actitud autorreferencial. Durante su visita a las obras de acogida de migrantes afirmó: «La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana». Y añadió: «Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche».
La misión eclesial aparece así inseparablemente unida a la cercanía con quienes viven situaciones de sufrimiento.
Una Iglesia para el hombre de hoy
A lo largo de su viaje a España, León XIV dibujó una Iglesia profundamente enraizada en el espíritu del Concilio Vaticano II: una Iglesia que celebra con profundidad el misterio de la liturgia, que dialoga con la cultura sin renunciar a la verdad del Evangelio, que aprende nuevos lenguajes para anunciar a Cristo y que se deja interpelar por las preguntas del hombre contemporáneo.
Su propuesta no consiste en adaptar el Evangelio al mundo, sino en presentar el Evangelio de manera que pueda ser comprendido, acogido y vivido por las mujeres y los hombres de nuestro tiempo.
Como recordó en Madrid, «la Iglesia tiene un mensaje para todos». Ese mensaje, afirmó durante todo el viaje, sigue siendo el mismo desde hace dos mil años: Jesucristo, que continúa respondiendo a las preguntas más profundas del corazón humano y ofreciendo esperanza a una sociedad que busca sentido, fraternidad y futuro.


